junio 20, 2021

Algunas horas en otro planeta

Acababa de finalizar el concierto, en una de las noches de un festival de guitarra en Lima. Mientras guardábamos guitarras y saludábamos al público, nos avisan que apuremos: alguien había invitado a todos los guitarristas a cenar en su casa, y había que ir yendo (no se entendía muy bien.. creo que no estaba en los planes del organizador, y surgió como una propuesta hecha en ese momento).

Quien ofrecía este tercer tiempo sin tener vínculos con el festival, era una coqueta señora ya entrada en años. Su casa era enorme, y el agasajo que nos había preparado era pantagruélico. Lamento no recordar detalles de los manjares que nos esperaban sobre grandes mesas. Es proverbial el hambre (real o imaginario) de los músicos. Guardando la mayor dignidad posible, entramos a meter diente de manera brutal.

También abundaba la bebida. Camareros vestidos de blanco con impecables chaquetillas, moñitos y guantes, estaban atentos a nuestras copas, y no permitían que se vaciaran del todo.

Luego de cierto tiempo, la atención a lo gastronómico-alcohólico aflojó un poco, y empezaron a establecerse algunas conversaciones. Nuestra anfitriona me contó en tono de queja, en un momento en que quedamos mano a mano, que a su familia le habían quitado parte de sus tierras durante la reforma agraria iniciada en Perú en 1969 (sugiero leer acerca de este proceso, que duró décadas, y modificó la estructura de la posesión de tierras y la producción agraria en Perú).

La concurrencia incluía amigas y amigos de la dueña de casa. Un señor muy trajeado, miembro de la sociedad taurina limeña, fustigaba a viva voz a grupos ecologistas que boicoteaban su actividad. Como también me opongo a las corridas de toros, estuve a punto de abrir la boca para expresarle mi desacuerdo con todo lo que decía, pero me mordí la lengua. ¿Arruinar la noche discutiendo con un desconocido que está en las antípodas de mi pensamiento, en casa de una desconocida? No. Seguir halagando los sentidos, y disfrutando la compañía de los colegas, era mejor plan.

Nunca supe si quien invitaba había siquiera asistido al concierto, y siempre me pregunté el porqué de aquélla invitación. La memoria puede fallar, pero a riesgo de ser injusto, las sensaciones que me han quedado dicen que en esa reunión no parecía haber mucho interés por la guitarra.
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mayo 12, 2021

Sachaguitarra

Yo quería tener una sachaguitarra, el instrumento creado y popularizado por el folklorista santiagueño Elpidio Herrera, y decidí encargarle que me construyera una. Averigüé que vivía en Atamisqui, y lo busqué en la guía telefónica, pero en el pueblo había un solo teléfono: el de la policía. Se me ocurrió entonces llamar a Don Sixto Palavecino, a la ciudad de Santiago del Estero, él seguramente lo debía conocer, y tener una manera de ubicarlo.

A Don Sixto sí lo encontré en la guía. Disqué su número y de pronto oigo su voz hablándome en una lengua desconocida para mí. Me quedé escuchando, y luego de un rato saludó y preguntó quién era, en español. Al comentar esto con amigos, me enteré que él saludaba primero en quechua.

Me presenté, le conté mis intenciones, y él me explicó que para hablar con un atamisqueño se debía llamar a la policía, ellos iban a buscar a la persona, la llevaban al destacamento, y esperaban que el interesado llamara de nuevo una hora después. Así hice, y al llamar por segunda vez allí estaba Elpidio Herrera, esperando que un desconocido que quería hablar con él volviese a telefonear.

Elpidio me dijo que no fabricaba instrumentos para vender, sino para tocar él mismo y con su conjunto (Elpidio Herrera y las sachaguitarras atamisqueñas), pero que iba a ver si conseguía los materiales y en tal caso me construiría una. Que dejara pasar un mes y lo llamara al Bebe Herrera, su hermano que vivía en Santiago del Estero, y que él me daría noticias.

Me despedí muy agradecido. Al mes lo llamé al Bebe, quien no tenía idea de mí, ni había recibido mensajes de Elpidio. Quedé en repetir algunos días después, cosa que hice con idéntico resultado. Luego de una tercera llamada sin novedades, me di por vencido.

Nunca tuve una sacha guitarra. Años después de este intento, vi una traída por un constructor de Buenos Aires a una muestra de luthería, pero para ese entonces ya se me había pasado el embale. Alcancé a escuchar en vivo a Elpidio y su conjunto en una presentación en Rosario, y esa noche le hablé de aquélla conversación, pero no recordaba nada.


Encontré este video donde tocan Don Sixto, Elpidio con su sachaguitarra, y Manolo Herrera:



marzo 05, 2021

Sendero de palabras

>>> Poesía
Diez años atrás me acerqué al taller literario de Tomás Boasso, luego de un emotivo reencuentro con él (fue mi alumno de guitarra en su adolescencia). Luego Verónica Ruscio y Mariana Finochietto me guiaron en el intento de continuar entendiendo el oficio. Para ellas y él, mi más amoroso sentimiento de gratitud.
Desde entonces escribo, en forma irregular, respondiendo a los impulsos inmanejables que disparan lo poético. El abordaje de un arte nuevo para mí, me enfrentó a la falta de sentido crítico para evaluar mi propio hacer. Esa carencia también me afectó (todavía me afecta) a la hora de percibir el trabajo ajeno, aún cuando en algunas páginas sea capaz de detectar señales de oficio consumado, o lo contrario.
Por esta razón no he publicado, en general, excepto por algunos textos que cada tanto me dejan una mínima satisfacción, compartidos en las redes. La excepción es el poemario "Desde las tripas", que hice circular hace poco, por razones más afectivas que artísticas.
He decidido que a diez años de aquél acercamiento, y habiendo mantenido encendidas la intención y la acción, voy a incluir en mi sitio de internet una sección para ir depositando los poemas. Quizá no todos, sé que la autocrítica seguirá funcionando como una censura, y quedará oculta parte del trabajo. Pero así es con la música también, hay un caudal de cosas que no se ganan la aprobación de quien las crea.
Para terminar esta publicación, dejo abajo mi texto más reciente:


Como un dolor
sin serlo exactamente

como el final de una película
los acordes de una coda
los párrafos de un epílogo

como una ensalada
de meteoritos cayendo en la cabeza
y merma en el alcance del paso

con sentimiento impermeable
con inexplicable indiferencia

¿Cuál es el combustible
el equilibrio que mantiene en línea
la potencia?

Huérfanas de causa
para tensarse
las manos desatienden razones permanentes
que perdieron empuje. Desenfoques
novedosos, hijos de la desintegración
o del tiempo, que podría devolverles
de modo incierto
alguna clase de cara.

(Marcelo Coronel, 25/02/2021)
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