marzo 05, 2021

Sendero de palabras

>>> Poesía

Diez años atrás me acerqué al taller literario de Tomás Boasso, luego de un emotivo reencuentro con él (fue mi alumno de guitarra en su adolescencia). Luego Verónica Ruscio y Mariana Finochietto me guiaron en el intento de continuar entendiendo el oficio. Para ellas y él, mi más amoroso sentimiento de gratitud.
Desde entonces escribo, en forma irregular, respondiendo a los impulsos inmanejables que disparan lo poético. El abordaje de un arte nuevo para mí, me enfrentó a la falta de sentido crítico para evaluar mi propio hacer. Esa carencia también me afectó (todavía me afecta) a la hora de percibir el trabajo ajeno, aún cuando en algunas páginas sea capaz de detectar señales de oficio consumado, o lo contrario.
Por esta razón no he publicado, en general, excepto por algunos textos que cada tanto me dejan una mínima satisfacción, compartidos en las redes. La excepción es el poemario "Desde las tripas", que hice circular hace poco, por razones más afectivas que artísticas.
He decidido que a diez años de aquél acercamiento, y habiendo mantenido encendidas la intención y la acción, voy a incluir en mi sitio de internet una sección para ir depositando los poemas. Quizá no todos, sé que la autocrítica seguirá funcionando como una censura, y quedará oculta parte del trabajo. Pero así es con la música también, hay un caudal de cosas que no se ganan la aprobación de quien las crea.
Para terminar esta publicación, dejo abajo mi texto más reciente:

Como un dolor
sin serlo exactamente
como el final de una película
los acordes de una coda
los párrafos de un epílogo
como una ensalada
de meteoritos cayendo en la cabeza
y merma en el alcance del paso
con sentimiento impermeable
con inexplicable indiferencia
¿Cuál es el combustible
el equilibrio que mantiene en línea
la potencia?
Huérfanas de causa
para tensarse
las manos desatienden razones permanentes
que perdieron empuje. Desenfoques
novedosos, hijos de la desintegración
o del tiempo, que podría devolverles
de modo incierto
alguna clase de cara.
(Marcelo Coronel, 25/02/2021)
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febrero 24, 2021

Cuida'o hermano...


En el invierno de 2007 viajé a Arequipa (sur de Perú) para participar en un festival de guitarras. Al llegar al hotel me dan la llave de la habitación, avisándome que la compartiría con un tal Ernesto Hermoza, de Lima.

El colega había llegado antes, por lo cual me lo encontré al entrar a la habitación, que era enorme, muy luminosa, con una ventana gigante que daba al Misti, icónico volcán cercano a la ciudad.
Hicimos las presentaciones de rigor, y en eso estábamos cuando se me ocurre comentar:
- "Qué grande que es la pieza, me encanta..."
Ernesto me escuchaba con gesto de preocupación, y en actitud solidaria, me dijo inmediatamente:
- "Cuida'o hermano... que aquí en Perú la pieza es otra cosa..."
Esa advertencia me bastó para prestar atención a un hecho que puede provocar malentendidos y complicaciones en Hispanoamérica: si bien todos hablamos español, cada país (y cada región de cada país) tiene sus modismos, regionalismos, y lo que aquí es blanco en Chile puede ser negro, etc.
Ernesto me ahorró situaciones que podrían oscilar entre graciosas y peligrosas con su advertencia. Desde aquélla vez somos hermanos, nos hemos visto un par de veces más, y espero que podamos reencontrarnos no dentro de mucho.

¡Escúchenlo! en el siguiente enlace toca a dúo con María Elena Pacheco, gran violinista de Lima...


diciembre 30, 2020

Guayacán

Mario Moreno es constructor de guitarras y sus familiares (guitarrones, requintos, etc). En esa condición, es además un rastreador de maderas. Está siempre atento a la aparición y rescate de un mueble viejo, una puerta descartada, un árbol que va a ser echado al fuego. En cada objeto de madera que ve, imagina alguna parte de una guitarra.


Hace unos años pasó por un negocio de carpintería rural que tenía una oferta en el frente: "varillas de alambrado $7". Algo le dijo que debía prestar atención... miró de cerca el aviso, entró e hizo su pedido: "quiero comprar el cartel que está en la vereda". Había detectado que la "pizarra", en la cual habían escrito la oferta con tiza, era una pieza de guayacán. Se la llevó y de allí sacó veintiún diapasones, uno de los cuales está instalado en la guitarra que Mario sostiene en la foto, y que desde hoy estará en mis manos.

Qué hermosa locura carga esta gente que construye instrumentos musicales artesanales.