junio 02, 2017

Los acordes... "como son"

Mi primer grupo musical con pretensiones de "en serio" fue Escarbanda, un trío con Marcelo Lastra y Julio Fioretti. Agarrábamos canciones del folklore y las des-arreglábamos en versiones de ocho minutos, con acordes raros, solos en el medio, y ritmos más difíciles que pellizcar un vidrio. Con esa propuesta fuimos al Pre Cosquín, y ganamos la categoría "Conjunto instrumental". Esto nos dio el boleto para seguir compitiendo en la plaza Próspero Molina junto a los ganadores de las demás categorías, con quienes se armó una delegación artística.

En el grupo iba un hombre muy criollo, tradicionalista como el que más, ganador del rubro "Canción inédita". Ya en Cosquín, todos compartíamos la mesa del desayuno y el almuerzo, una suerte de cofradía musical del sur santafesino. En una de esas ocasiones, este criollazo y nosotros tres ocupamos la punta de la mesa. Fue el momento para el intercambio de opiniones estético-folklóricas. Y el tipo dice, sin anestesia: "...a los acordes hay que tocarlos como son...". Nos miramos los tres como tratando de entender, sospechando que la flecha venía para nuestro lado. Y siguió: "...porque los acordes son mayores y menores, como tocaba Yupanqui, nada de disminuido ni cosas por el estilo". Ya no teníamos dudas de que el señor estaba con la vena gorda a raíz de nuestra actitud irreverente. Incluso la referencia a Yupanqui nos resultaba incomprensible: Don Ata se cansó de usar esas progresiones de acordes disminuidos que tanta nostalgia le ponen a las milongas.

Para evitar una escalada salimos del tema lo más rápido posible sin polemizar. Y desde entonces, para nosotros, los acordes se dividen en: mayores, menores, y todos los demás, los que "no son".

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