febrero 05, 2018

La verdad

En 2014 fui invitado a participar en un encuentro guitarrístico en la ciudad de Córdoba. En ese marco, quien ésto escribe y el Maestro Diego Martín Castro nos dirigíamos a la sede del evento, caminando por una céntrica peatonal.

En un momento comenzamos a percibir malos olores que contrastaban con el glamour de las coquetas vidrieras. Éstas exhibían el mundo de fantasía y altos precios que las suelen caracterizar. De repente un gran charco de líquido indescifrable se mostró inundando buena parte de la vía, y al llegar al cruce con otra calle -peatonal y coqueta también- vimos una alcantarilla redonda de hierro semi descolocada por la cual la ciudad vomitaba el mencionado líquido y materia fecal.

Ante esta visión, paramos y nos miramos. Atiné a preguntarle al maestro Castro...
- ¿Y ésto qué es?
Entonces él contestó:
- La verdad.


enero 10, 2018

Renovando la capacidad de asombro

Siendo compositor, he vivido situaciones de distinta índole relacionadas a las interpretaciones que otros han hecho de mis obras. Me ha tocado la suerte de que intérpretes muy solventes y responsables las estudiaran, las presentaran en conciertos (estrenándolas en varias ocasiones) y las grabaran. Otras veces, escuché versiones que no me han gustado. Hay obras mutiladas, con algunos compases de menos, y otras en las que intérpretes "creativos" han introducido cambios, considerando tal vez que mi trabajo necesitaba retoques.

Pero lo que voy a relatar a continuación, no me había ocurrido nunca. Y debo decir que si en el pasado me hubieran avisado que me iba a suceder, no lo hubiera creído.

No voy a dar pistas sobre la persona protagonista de este incidente, por delicadeza. Sólo diré que es un guitarrista extranjero que hace un tiempo se contactó conmigo, mostrándose interesado en mis obras para guitarra sola, en especial la serie Imaginario Popular Argentino. Estando agotado el disco que contiene esa música, le envié todas las pistas en mp3, y me puse a su disposición por si tenía dudas o consultas. Las partituras de esas piezas están disponibles para su descarga en mi sitio de internet.

Hace unos días recibo un mensaje suyo, comentándome que había grabado algunas de mis piezas, y pasándome un enlace para que escuche una de ellas, subida a una conocida plataforma de almacenamiento de audio. Apenas empezó a sonar la música me llamó la atención la exactitud con que este colega había copiado mis gestos interpretativos, en una medida llamativa. Y cuando escuché un pasaje desafinado que siempre me había mortificado por no haber logrado tocarlo mejor, tuve la certeza de que quien estaba sonando era yo.

Desconcertado, y para ver qué me decía, le pregunté si lo que había subido era mi grabación o la suya, y a ésto me respondió "la mía, maestro". Ante esta respuesta le señalé todas las razones por las cuales pensaba que era mi grabación, sugiriéndole que podría haberse equivocado de archivo. Pidió un momento para chequear y rápidamente reconoció que así era, retirando la música de internet.

Obviamente, yo esperaba que subiera el archivo correcto, es decir SU grabación, pero con argumentos inverosímiles (que el sistema no se lo permitía) no lo hacía. Se comprometió a mandármelo por email, cosa que tampoco hizo. Esperé un tiempo y se lo reclamé, y luego de unas horas recibí un email con el adjunto.

Empecé a escucharlo y me encontré con un audio defectuoso, una señal muy débil (con el volumen al máximo apenas podía escucharla), una considerable cantidad de errores de lectura y una interpretación propia de quien recién empieza a estudiar una partitura. Claramente no era un trabajo de estudio listo para un disco, y no existe la más mínima posibilidad de que esa grabación fuese confundida con la mía.

Ya seguro de lo que había sucedido, solicité al colega que me dijese la verdad, que me explicara porqué mi interpretación estaba en una plataforma de audio figurando como si fuera suya. Hasta ahora no he recibido satisfacción a mi pedido.

Sin duda que frente a otras cosas que han debido atravesar muchos seres humanos ésto es inexistente como problema. Pero a mí me ha sorprendido como pocas cosas en mi vida musical, y sentí necesidad de compartirlo.


noviembre 08, 2017

La importancia del apellido

El pasado 23 de octubre llegué al aeropuerto de Belo Horizonte, para participar en un evento guitarrístico. Sabía que me iba a estar esperando un chofer para llevarme en auto hasta la ciudad, distante 36 kilómetros.

Luego de los trámites de rigor, salí al hall con mi valija y mi guitarra, dispuesto a buscar entre los hombres con carteles uno que tuviera escrito mi nombre, pero no había nadie. Esperé unos minutos y llamé a Stanley, una persona de la organización, para avisarle que ya había llegado, suponiendo que el chofer estaba retrasado. Stanley me pidió un momento para averiguar qué pasaba, y luego me llamó él, diciendo que esperara, que el chofer estaba con otra persona, y que él no entendía bien porqué. Me pasó el nombre y la patente del auto por seguridad, e insistió en que lo esperara en cierto lugar. Así hice.

Como veinte minutos después se me acerca un hombre y me pregunta...
-¿Marcelo?
Yo le repondo...
-¿Reinaldo, el chofer?
Efectivamente, era él. Subí al auto y salimos rumbo a la ciudad.

En el viaje me contó que al llegar al aeropuerto, más o menos una hora atrás, se acercó a un tipo al cual le preguntó:
-¿Marcelo?
Y como el otro le dijo que sí, lo subió al auto y lo empezó a llevar a Belo Horizonte. Al poco rato ambos entraron a sospechar que había un error, sobre todo el pasajero, ya que lo estaban llevando a un lugar que no era su destino. De modo que regresaron al aeropuerto, Reinaldo se deshizo del otro Marcelo, y me encontró a mí.

Me pregunto...
¿Iría con guitarra el otro Marcelo también?
¿Lo habrá encontrado finalmente quien lo debía ir a esperar?
¿Estará el pobre todavía en el aeropuerto?