enero 13, 2012

Desesperanza


Por enésima vez
enciendo la ilusión
con el control remoto.
Me son tan familiares
estas noches
de humedad, mosquitos
y resplandor azulado,
que a veces me pregunto
si realmente es hoy
o si estoy, apenas,
recordando.
Conozco el resultado
pero igual juego,
ya perdedor.
Debo entonces definirme:
un insensato
perseguidor de fantasmas.
Hubo un tiempo,
una prehistoria de la cultura,
en que Tejada Gómez
pisaba el escenario
y ametrallaba conciencias
con su palabra.
En ese tiempo Yupanqui,
con su zurda guitarra quejumbrosa
oficiaba la misa de la vidala,
con comunión de milonga;
y a nadie se le ocurría
pensar que a tales asuntos
les hacían falta palmas.
Ahora, una suerte de cáscara
con pretensiones de alegría,
es ofrecida a las plazas,
que se dislocan entre aturdidas
y víctimas de estafa.


(Marcelo Coronel, 13/1/2012)


Atahualpa Yupanqui, Lloran las ramas del viento

diciembre 05, 2011

Migas de pan

Caminé -aún lo hago-
buscando migas de pan
desperdigadas en la selva.
Cada tanto llevo a la boca
una que encuentro,
y sigo andando.
Llegué a creer posible
una mesa bien servida
entre serpientes, leones y pantanos;
los años demostraron lo contrario.
Entonces miré adentro
y allí estaba el banquete,
esperando.

(Marcelo Coronel / 5.12.2011)


El árbol del Gualicho (estilo)
Compositor e intérprete: Marcelo Coronel


julio 05, 2011

San Juan de la Frontera

La guitarra es un instrumento que se lleva bien con ambientes pequeños, o medianos a pequeños, en los que no haga falta amplificación. En tales salas su timbre natural puede escucharse fácilmente, sin interferencias. Las salas muy grandes, o aquéllas que no están construidas con buenos criterios acústicos, suelen atentar contra guitarristas y público: los primeros, porque la falta de buena sonoridad lleva a tocar "apretando" cuerdas y dientes, para lograr un par de decibeles más de volumen, en desmedro de la calidad de sonido, y de la relajación. Y el público debe hacer fuerza para escuchar un instrumento cuyo sonido le llega empobrecido,  reducido a los extremos.
Cuando entré al auditorio Juan Victoria, el miércoles pasado (29 de junio), me pregunté que íbamos a hacer mi guitarra y yo, solitos los dos, sobre el escenario gigantesco de una sala para 1000 personas, y me predispuse a vivir una experiencia cuesta arriba. Pero ya en la prueba de sala noté que el lugar sonaba fantásticamente, y que no había que hacer ningún esfuerzo adicional, que se escuchaba perfectamente, y que el sonido corría fluido y reverberante.
Y así fue: pude tocar cómodo como pocas veces en mi vida. Celebro que en la ciudad de San Juan  exista ese espacio excelente y cálido, y espero volver no dentro de mucho a pisar ese escenario. Por si fuera poco, tuve el privilegio de compartir un par de interpretaciones con el Ensamble San Juan de la Frontera, dirigido por el maestro Alejandro Dávila, que me honra con su amistad, y entreverarme con ese puñado de guitarras sanjuaninas, que es como hermanarse un poco.

El siguiente video es un registro del Ensamble de Guitarras San Juan de la Frontera en el Auditorio Juan Victoria, interpretando mi Milonga mafiosa, como parte de la preparación para la gira europea que realizaron en 2010.




San Juan de la Frontera

Así te nombraron
en el principio.
Pude ir a vos, ver tus acequias,
las precordilleranas murallas que te secan
y el follaje monocromo
de tus plátanos en invierno.
Yo, que húmedo provengo del enorme cauce,
respiré tu polvo
y tus guitarras.

(Marcelo Coronel  /  30.6.2011)